martes, 18 de marzo de 2008

Director 2008.03.18
Me resulta imposible recordar la cantidad veces que he cruzado el puente sobre el río Táchira: frontera natural entre Colombia y Venezuela o viceversa. Y existe otra frontera invisible, pero no por ello menos conflictiva, cual es la aérea; porque cuando un vuelo interno venezolano, toma tierra en el aeropuerto de San Antonio –a veces, sí; a veces, no- se ve obligado a “violar el espacio aéreo de Colombia. Pero lo que resulta imposible es despegar sin entrar en territorio colombiano. Esos dos tipos de fronteras entre dos hermosas ciudades, como son San Antonio (del lado venezolano) y Cúcuta (del lado colombiano), aparentemente no presentan ningún signo de enemistad, debido a que ambas ciudades viven del comercio y del turismo. Del turismo, más Cúcuta, pues aunque parezca mentira ofrece mayor seguridad la que se encuentra del lado colombiano que San Antonio.
Sin embargo la hermosas imágenes que nos han ofrecido los distintos Canales de televisión son totalmente engañosas, puesto que si de “gozar y tomar” se trata hasta el más “pendejo” acude al “bonche”. Para cualquier País del área es muy fácil reunir 100.000 personas siempre y cuando no falte la “caña”. El problema está al final de unos cuantos “palos de ron” o de una serie de “frías”. De ahí que aplaudo la buena decisión que han tomado los tres Mandatarios de Venezuela, Colombia y Ecuador. Primero, porque ninguno de los ejércitos de los tres Países podrían detener el fanatismo de uno ú otro lado del río Táchira, puesto que entre los cien mil asistentes – caso de haber un riguroso cacheo- se podrían encontrar alrededor de 20.000 armas de fuego. Y todos sabemos de la euforia que despiertan los líderes de cualquier país latino. Y segundo, porque la prepotencia de Hugo Chávez (rodeado por miles de chavistas con “gatillo alegre”) iba a sacar de quicio a los colombianos que sufren sobre sus carnes el azote de la guerrilla: guerrilla protegida y en parte financiada por el Presidente venezolano. Y una mecha prendida en el interior de una masa de cien mil personas, sólo Dios o los que hemos vivido con ellos bastantes años sabemos cómo sería el final de la romántica y hermosa película.
Por esta vez, y sin que sirva de precedente, el Concierto por la PAZ se saldó sin incidentes que valga la pena mencionar. Mi humilde consejo es que no jueguen a la demagogia con ciudadanos que están educados para odiar y… para poner a cada quien en su lugar.
Luís de Miranda.