lunes, 24 de marzo de 2008

Director 2008.03.24
Existe en estas fechas que nos está tocando vivir una serie de contradicciones, que sinceramente cuesta entenderlas. O por lo menos, cuesta averiguar donde está la verdad de lo expuesto. Y una prueba de ello es el caso de Andalucía, donde confesarse católico, apostólico y romano es sinónimo de fascista y español: así se declara dicha autonomía ante las urnas de votantes al respaldar a aquellos que de una forma indirecta acosan y defenestran a quienes profesamos una Religión aceptada voluntariamente desde hace más de 20 siglos.
Pues bien, esa misma gente que apoya a quienes, por razón de ideología política, están intentando eliminar, anular o prohibir todos cuantos actos religiosos se lleven a cabo fuera de los recintos de la Iglesia o sean motivo de unas fechas no laborales; por otra parte, se emocionan y le cantan “a esos trozos de madera pintados de vivos colores” (así los califican los agnósticos) o se emocionan y se desesperan en llantos cuando tales alardes de devoción no se pueden celebrar por culpa de la climatología.
Vamos a ver… y ahora amplío mi comentario a todos los moradores en las tierras de España. ¿Cómo es posible odiar a la Iglesia Católica y lo que ésta representa a través de los millones y millones de creyentes… y paralelamente aguantar horas de incomodidades, a la espera de ver la procesión de turno… o estallar en llanto, si ésta no tiene lugar?... Porque aquellos que nos odian y nos menosprecian, uno se los encuentra en esas concentraciones que los Partidos de Izquierdas quieren eliminar o prohibir. Y a veces pienso que están en las procesiones para levantar un listado de fascistas, a los que se debe perseguir y procurar que nunca ocupen un puesto de trabajo digno o simplemente que los posibles Patrones no les den una retribución superior al sueldo base.
De verdad que no entiendo lo que está pasando, porque durante los largos años que don Felipe González Márquez gobernó a los españoles jamás ha habido una pequeña muestra de persecución hacia la Iglesia y los creyentes.
El Viernes Santo me acerqué a Ferrol a ver la Procesión del Santo Encuentro en la misma plaza de Armas. Lo que he podido presenciar es algo que jamás, jamás, evitarán los políticos, militantes y votantes de la izquierdas por muy fuerte que desaten la persecución hacia nosotros: es tan íntimo, tan bello y tan sentido lo que el pueblo creyente demuestra segundo a segundo, que es de toda lógica que a la Semana Santa ferrolana le hayan concedido la declaración de “interés turístico nacional”. Y como betanceiro que soy, durante años he creído que la de la antigua capital de Galicia era preciosa, pero… con los mayores respetos confieso que “no tiene color”. La de Ferrol es para verla y vivirla.
Luís de Miranda.