lunes, 29 de septiembre de 2008

Director 2008.09.26

Cada día que pasa vivo más asustado… y luego explicaré por qué. El motivo número uno de mi preocupación es que cuando me doy cuenta, ante este hipnótico aparato llamador “ordenador”, vuelvo a estar en día viernes. Lo que quiere decir es que ya he envejecido una semana más. Y que como es mi obligación recordarles, como medio de comunicación, que cumplan las normas de tráfico: que nuestros jóvenes no se obsesionen en querer llegar de primeros al cementerio (previo paso por el Tanatorio) o el quedarse parapléjicos …o los más osados que dejen de jugarse la vida realizando “carreras ilegales”, tras una buena ingesta de alcohol; ya que si estuvieran en condiciones de razonar no serían tan irresponsables.
El otro motivo por el que me asusto es en presenciar impertérrito como se va deshaciendo el tejido laboral español; el ascenso “obligatorio” de la delincuencia, al no tener millones de madres y padres los ingresos mínimos para sacar adelante a sus hijos; el abandono total de nuestros mayores, por parte de sus propios hijos y también del Estado, hasta el extremo de que aparecen sus cadáveres equis días después, anunciados por el olor de la descomposición, etc., etc.
Y lo que ya acaba de sacarme de mis casillas es que constantemente recibo “consejos” como “no te metas con los políticos porque nos amargan la existencia y perdemos las subvenciones”… o “a nosotros que coño nos importan los problemas de cada quien si no somos ninguna ONG”… o “lo que estás provocando con tus comentarios, que no les interesan a nadie, es que los políticos nos amarguen la vida”…. Y así podía estar hasta la hora de dormir.
Y ante esta triste realidad, me pregunto ¿a quien diablos le interesa poner en práctica la cultura de ayuda social?... Al presumir de ello, le caes bien al resto de los mortales. Pero una cosa es “predicar” y otra muy distinta “dar trigo”.
De todo lo dicho no se olviden de cumplir con las normas de tráfico. El resto, aun siendo verdad, no le interesa a esa sociedad hipócrita y subvencionada.

Luís de Miranda