miércoles, 17 de septiembre de 2008

Director 2008.09.17

Para cualquier profesional que se dedique a mantener en pie un medio informativo no puede ni tiene que estar sometido a que quienes tienen constantemente la mano extendida para recoger tal o cual subvención; ya que lo que a esa gente le preocupa no son la situación general de la audiencia, ni los problemas que tiene que soportar la audiencia, día a día. Tampoco les importa la situación socio-económica de la audiencia (recordemos aquello de “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”). Su único objetivo es estar a bien (sólo aparentemente) con Dios y con el Diablo. Y sin embargo, en privado, mantienen reuniones con los representantes de una ideología contraria a la de ellos, con el único fin de obtener las desechadas migajas reservadas normalmente para las mascotas.
Pues ya ven ustedes que a cambio de los desperdicios, no son capaces de denunciar las inmoralidades que se están cometiendo con cierto sector de la sociedad… el que probablemente esperaba que el medio informativo que se hace etiquetar como defensor social resulta que esconde la cabeza como el avestruz y se mantiene al margen de la realidad y de la injusticia social. ¿Y saben por qué?. Porque los que tienen la mano extendida, sin necesidad, son una banda de vagos a los que la moral y la justicia les importa tres pepinos, en tanto en cuanto ellos puedan cubrir todas sus apetencias. Y he dicho que extienden la mano sin necesidad, basándome en la maldita cultura de las subvenciones. Porque una madre con dos o tres hijos a cargo, y con una gran dosis de responsabilidad, los saca adelante, con sudor y lágrimas, (estoy seguro), a pesar de que para ella ni el Estado ni nadie acudió en su ayuda a través de tal o cual subvención o limosna.
Esa madre se merece el mayor de los reconocimientos, por su lucha contra todo y contra todos. Pero puede permitirse el lujo, el gran lujo, de pasear su honor y su esfuerzo por doquier. De ahí que yo siempre haya estado al lado de quienes luchan por una parte de una sociedad en despierto… y muy alejado de los animales carroñeros, de los que viven o pretenden vivir a costa de nuestros impuestos. O lo que es lo mismo: a costa de nuestro esfuerzo en el trabajo, puesto que ellos viven la cultura de las sanguijuelas… y todavía tienen el descaro de presumir de ello y sin dejar de mirarnos por encima del hombro.
Un día , (ya perdido en el tiempo), se lamentaba la difunta de Maribel, en aquel maloliente callejón del Papagayo, “… y todavía pretendía que yo pagase la cama”). Pues eso es lo que se me pidió a mí, hace pocos días.

Luís de Miranda