jueves, 6 de noviembre de 2008

Director 2008.11.06

Por tener en España un sistema de gobernabilidad totalmente opuesto al de los Estados Unidos de Norteamérica, habrán observado que la gigantesca maquinaria mediática se volcó y sigue volcando en alabanzas y loas hacia la figura del futuro Presidente del País más poderoso del Globo; para de esta manera buscar la fórmula que haga olvidar a los 300 millones de norteamericanos la ofensa que les hizo en su día el señor Rodríguez Zapatero, al sentarse desafiante al paso de la enseña nacional de los Estados Unidos… al escapar cobardemente de Iraq y al fomentar internacionalmente que todas las Naciones involucradas en la reconstrucción de Iraq debían abandonar la zona entre los ríos Eúfrates y Tigres.
Esta postura y comportamiento me recuerdan a aquel salvaje violador que –tiempo después de cometido el delito- enviaba flores, regalos y copias de poesías a la madre de la niña violada… como si lo sucedido tiempo atrás no tuviese la menor importancia.
Vamos a ver... Toda persona con un nivel de inteligencia medianamente aceptable habrá observado –y si es amante al Cine, con toda seguridad- que en toda película americana siempre aparecerán en pantalla dos símbolos que para ellos representan respeto: la bandera de barras y estrellas y agua. Agua de un lago, agua de un río, agua en una piscina, agua de una cascada… ¡Agua!. Y si a estos dos símbolos le añadimos el himno nacional, completamos la trilogía que ha hecho de ellos el País más próspero y democrático que existe y mantiene la unión de los 300 millones de seres, con distintas culturas, con distintas religiones y con distintos de manera envidiable.
Tanto es así, que en el día de ayer hemos podido oír a nuestro ex Presidente del Gobierno, don Felipe González Márquez, declarando que los Estados Unidos nos han demostrado, una vez más, su alto nivel de País democrático, una vez finalizado el largo proceso de elecciones presidenciales. ¿Y sabemos por qué?... Supongo que no, ya que hasta el momento presente en nuestras 17 “Españas” el Partido ganador, con su máximo representante a la cabeza, no gobernó jamás, ni gobierna, para todos nosotros, sino para sus súbditos y para quienes les ayudan a mantenerse en el poder, a cambio de nuestro sudor y lágrimas: los impuestos. (Véase, por ejemplo, la repartición de los Presupuestos del Estado, en función de quienes ocupan la Jefatura de la Comunidad). Mientras que al otro lado del Océano Atlántico, y así lo declaró el señor Obama, Republicanos y Demócratas comparten la misma mesa y mantel y los mismos derechos y obligaciones. Ni el carnet del Partido, ni la Religión, ni el sexo, ni la nacionalidad de origen se tienen en cuenta, en el siglo XXI.
A ver si vamos dejando de lado el odio para aquellos que no han votado o han votado en contra del ganador. Hasta que ese día no llegue, seguiré diciendo que todavía no disfruto de la democracia.
Luís de Miranda.