viernes, 7 de noviembre de 2008

Director 2008.11.07

Hoy voy a dar un paseo imaginario por ese interminable mundo de las profesiones, donde mujeres y hombres realizan verdaderas obras de arte, a las que la mayoría de las veces no sabemos valorarlas.
El albañil que está dando forma a un esqueleto o cerrando una infraestructura, de la que muy pronto veremos un lujoso y reluciente edificio de oficinas, a 200 metros de altura, por ejemplo. El jornalero que abre la tierra con mimo y deposita en ella la semilla que germinará con la ayuda de abono natural o químico, cuando el invisible calendario de la naturaleza lo permita: algo que él y sólo él saben leer. El minero que, al igual que el topo, horadara las entrañas de la Tierra para extraer de ella grandes recursos. Después están las profesiones que requieren concentración y dominio de nuestras extremidades superiores e inferiores: por ejemplo, los músicos, los pintores, los relojeros, los que trabajan en la industria textil… y los que ha elegido la profesión de palillera o palillero. Me pareció algo enloquecedor saber cuando y cómo y por qué tengo que poner en movimiento éste o aquel palillo y en qué lugar debo clavar el alfiler para poder entrelazar los hilos que darán el resultado final del inicial diseño… y que, una vez, desclavados los benditos alfileres todo el trabajo de horas y horas no se autodestruya.
Hoy, con el permiso de ustedes, vamos a entrevistar, al final de este informativo, a Carmiña Campos Galán para que nos hable de esa labor suya y silente, como es la de enseñar desinteresadamente más que una profesión, un arte. Y ese arte se conoce universalmente como “encaje de Camariñas”.
Por favor, manténganse en este dial y comprobarán qué declaraciones tan interesantes nos regalará esta maestra de maestras.
¡Ah!. Y como ya nos encontramos en otro nuevo viernes, les recuerdo lo de siempre: mucho cuidado en la carretera y cumplamos sin titubeos las normas de seguridad vial, que nuestra familia y nuestros amigos nos lo agradecerán…
A ver si de una santa vez entienden que no me gusta ir a los Tanatorios, cuando quien ocupa la “caja de cristal”, nos ha dejado por gilipuertas o por creerse Fittipaldi.
Luís de Miranda