viernes, 23 de enero de 2009

Director 2009-01-23

Ayer, como ya les hemos comentado, tuvo lugar en el Hotel A.C., la entrega de los premios Milenium, siglo XX-XXI, con la asistencia de personalidades políticas locales y del área metropolitana, altos representantes de nuestra Guardia Civil, directivos de Asociaciones vinculadas a Servicios Sociales e, incluso, de importantes Firmas Comerciales Gallegas. Y nuestro Presidente de la Asociación Provincial de Parapléjicos de La Coruña, don Pepe Méndez, antes de hacer tales entregas, dirigió a los cerca de doscientos invitados unas palabras de gratitud y reconocimiento, que fueron respondidas con calurosos aplausos por los allí presentes… y dando paso a un suculento almuerzo gallego: todos los productos que se sirvieron, así como las bebidas, eran originales “da nosa terra meiga”.
Cambiando de tema. El Diario “La Opinión” destaca como principal titular que nuestra querida Coruña rebasa los niveles tolerables de ruido y aprobados por la Organización Mundial de la Salud. Y uno, desde estos estudios, grita “¡aleluya!”. ¿Por qué?... Porque ya era hora de que alguien se diese cuenta que en nuestra hermosa Coruña, y en un corto espacio de tiempo, terminaremos todos, absolutamente todos, “sordos como tapias”. Y una prueba de ello es que si a usted se le ocurre invitar a alguien a tomar un café o un refresco y departir con esa persona unos minutos, resulta que los diálogos se llevarán a un nivel de voz, idéntico al que necesitaban los cantantes de Zarzuela ú Ópera, a principios del siglo XX. Y el que La Coruña haya llegado a estar en esa “lista negra de contaminación acústica” se debe (en un porcentaje del 90) a que los propietarios de los Bares, Cafeterías y demás puntos de encuentro no saben y no entienden que sus locales públicos son “puntos de descanso y diálogo” y no “antros de carretera”. La televisión (la que, por cierto, nadie ve ni escucha) está a punto de que sus altavoces salten por los aires. Y no contentos con ese regalo de cientos y cientos de decibelios, resulta que el personal que trabaja en Hostelería prefiere el ruido que emite una Cadena musical y escuchar, una y mil veces, el mismo tema de moda… pero, eso sí, a mil o dos mil decibelios, para que la televisión no se oiga.
Pero esta tortura no finaliza ahí… ¿Qué me dicen del ruido que nos ofrecen los molinos de café, que cada vez que se ponen en marcha, damos un salto sobre la silla?... ¿Y que me dicen de los gritos que dan los camareros, para que el que está tras la barra pueda oír sus demandas?...
Conclusión. Que La Coruña pasó a la lista negra de contaminación acústica, porque a quienes correspondería evitar estos desmanes, les tiene sin cuidado en ruido infernal de esas cosas que parecen motos y que “cabalgan” adolescentes y les tiene sin cuidado que dentro de un local público los clientes terminen “cantando ópera”, como el ambiente que se sigue en los “bares de copas” de las carreteras.
En una palabra, que todavía estamos a años luz del respeto hacia los demás y del cumplimiento de nuestras obligaciones ciudadanas.
Luís de Miranda.