jueves, 28 de mayo de 2009

Director 2009.05.28



Hace años, y si no recuerdo mal, fue el día en que despedí al señor Vacas (nuestro ex-Gobernador Civil), en compañía de mi buen e inolvidable amigo Esteban Lareo (padre, claro está) comenté que cuando estaba en mi época de estudios “el que en una familia hubiese un Juez... ¡caray!... era un honor. Sin embargo hoy (13 años atrás) como que no se tiene el mismo concepto”. Pero en el hoy del hoy -o sea, a finales de mayo de 2009- la Institución peor valorada por la inmensa mayoría de los españoles de bien es el Poder Judicial. Con lo cual, pienso que nadie se sentirá orgulloso de contar en la familia con “señorías” muy mal valoradas.
Y fíjense ustedes que cuando están delante de las cámaras de televisión o se reúnen en un acto solemne, con la debida “pompa y circunstancias”, con todo el boato habido y por haber, con una imagen de intocables e inaccesibles que a los bebés y a los infantes pueden llegar a asustarles... o, como mínimo, a infundirles temor ú horror, por sus posturas estudiadas y por el engolamiento de la voz.
Pienso que la mayoría de nosotros, los tristemente olvidados y defenestrados “paga impuestos”, cuando vemos en el televisor de casa esa imagen de prepotencia circunvalando la lujosa mesa de reuniones... y la comparamos con los Juzgados que tenemos y en qué pésimas condiciones trabajan sus subordinados... dan ganas de echar a correr o de apagar la luz.
Después como habemos un gran porcentaje (dentro del cual me incluyo) de ciudadanos que no estamos al corriente de las leyes en vigor, que sólo nos movemos por lógicas aplastantes y humanitarias, resulta que sentimos en el fondo de nuestras conciencias que están para amparar a los delincuentes; jamás, a las víctimas. A las víctimas se las entierra... y se acabó la historia. Mientras que a los delincuentes se les mima -por aquello de la reinserción- o por aquello de suavizar cualquier situación política que pudiera dañar, manchar, la imagen del Poder Nacional... o por miedo a que alguna organización terrorista les pueda causar problemas a los portadores de la toga y las puñetas.
El pueblo liso y llano sigue, seguimos, sin entender cómo podemos aceptar que unos niñatos de mierda traigan de calle y se rían de todo un Poder Judicial y de cuantos dependen del Ministerio del Interior. Cómo podemos aceptar que un terrorista con 25 muertos encima del alma y mil y no se cuantos más años de cárcel ande disfrutando de los placeres de la vida por distintos países de Europa. Cómo podemos aceptar que a estas alturas todavía los españoles no sepamos quien cometió la barbarie de Atocha y quien fué el cerebro de cinco minutos antes o la víspera dijera algo así como: “cronometremos los relojes. No admito el mínimo error. Cada uno de vosotros ya habéis lo que tenéis que hacer. Así que adelante, que estos fascistas van a saber hasta donde estamos dispuestos a llegar para que el pueblo nos obedezca”.
Esta conclusión novelada, tiene un nombre y apellidos, tiene un mando, tiene una idea preconcebida de adonde va España.
¿Nos dirán algún día quien o quienes fueron los cerebros y por qué de tantos casos sin resolver o que simplemente están archivados?.
Perdónenme, sus señorías, pero lo dudo, ya que la política los ha envuelto en un lujoso papel de oro con lazo de seda oriental.
Luis de Miranda.