miércoles, 27 de mayo de 2009

Director 2009.05.27



Hay una frase acertada o desacertada que define nacional e internacionalmente al pueblo catalán; cual es “la pela es la pela”. Pues basándose en esa especie de ley inviolable, resulta que nos hemos enterado de que en el tren-cremallera de Montserrat unos señores recogieron a un hombre de edad avanzada que estaba sufriendo un agudo ataque de ansiedad y lo trasladaron con suma urgencia al tren para acercarlo lo más posible a un centro médico Hasta aquí la dura y triste noticia.
Como “la pela es la pela”, resulta que los responsables del tren-cremallera no permitieron la salida de dicho tren en tanto en cuanto el infartado y sus acompañantes no abonasen el importe de los billetes que ascendía a 20 euros.
Personal de la Cruz Roja Española, así como los señores que le prestaron los primeros auxilios (o simplemente lo recogieron y lo llevaron en volandas hasta el tren), por más que suplicaron e increparon a los responsables de ese medio ferroviario, debido al riesgo que estaba corriendo el enfermo, y que los 20 euros lo pagarían abajo, al final del trayecto, los empleados de la Compañía de Transportes siguieron en su erre que erre (puesto que la pela es la pela) y no autorizaron la salida del tren hasta que fueron pagados los 20 euros... sin importarles, en absoluto, la posible muerte del buen señor.
Siento personalmente que, a partir de hoy, mi sentido humanitario perderá muchos enteros, cuando -Dios no lo quiera- un catalán se vea en la misma situación de el bueno del turista.
Entiendo que todas las Compañías del mundo, a parte de ofrecernos un servicio, tienen como meta el ganar dinero. Pero de ahí a que juguemos con una vida humana va un abismo.
Me gustaría estar en posesión de la carrera de derecho para entablar una demanda, por falta de auxilio, con todas las consecuencias que establezcan las leyes en curso... y sin cobrar un sólo euro a su esposa o familiares.
Este ejemplo de insolidaridad, a parte de ponerme los pelos como escarpias, me provoca odio, ganas de revancha y asco. Y es que a estas alturas del siglo XXI todavía existan millones de congéneres, para los que es más importante, mucho más importante, 20 euros que la vida de un ciudadano. La única diferencia que encuentro entre este pueblo catalán con los socialistas alemanes de los años 40, es que estos últimos te llevaban a la muerte segura, a cambio de las propiedades, alhajas y pinturas que los judíos tenían; mientras que a los primeros, sólo les bastan 20 euros... para salvarte la vida.
Ahora entiendo porqué, y fuera de Galicia, les llaman las “sanguijuelas”: no existe dinero en el mundo para calmar la sed de avaricia de ese decepcionante pueblo. Y digo (escribo) decepcionante, por no usar el calificativo apropiado que me llevaría de cabeza a los Juzgados.
Luis de Miranda.