lunes, 5 de mayo de 2008

Director 2008.05.05

Tengo la sensación de que todos, absolutamente todos, hemos hecho una mudanza o, en cualquier caso, la hemos presenciado. Me dijeron en mi juventud o en mi adolescencia que había dos condenas horribles para quienes no nos hemos comportado en la vida, como Dios manda. (No digo con arreglo a las leyes vigentes, porque me daría la risa). Y esas dos condenas son: emparejar los calcetines que se pierden en la lavadora y que, por los poderes que le fueron concedidos al Mago Merlin, reaparecen al cabo de equis semanas o meses. Y la otra condena es la de tener que realizar un traslado de residencia.
Porque les digo esto, porque me ha tocado y continúo haciendo cambio de residencia… Pues verán… Resulta que según la educación heredada por nuestros padres (aquellos que se tragaron la Dictadura de Primo de Rivera, la desastrosa II República y la Guerra Civil) nada se tira, porque algún día lo necesitaremos. Y así lo he hecho… Tal tuerca o cual tornillo hay que guardarlo. Tal grifo del agua queda como repuesto, por si se nos estropea el actual. Tal plato astillado, bien vale para comer en la cocina, entre los titulares de casa. El juego de sartenes y cacerolas que compramos para sustituir los ya existentes, no se estrenan, porque todavía se pueden aprovechar los que tenemos., etc., etc.
¿Qué pasa cuando llegan los días de preparar la mudanza?... Que las tuercas y los tornillos oxidados se cuentan por centenas; que tenemos tres o cuatro grifos del agua y otros tantos del gas; que los platos impresentables ya rebasan las tres o cuatro docenas;… ¿y qué me dicen de las sartenes y cacerolas?... Y otro tanto sucede con los manteles, las servilletas y los cubre-camas… y las lámparas de las habitaciones de los niños… y los archivos de las colecciones absurdas que nos ofrecen los Diarios… asi como las recetas de cocina, las películas, las vajillas de porcelana, etc., etc. Todo un mundo de cosas absurdas, que nos van comiendo espacio físico, hasta el extremo de que aquel lugar que habíamos reservado para leer o para poner el ordenador… quedó reducido a una cabina telefónica o a un simple zulo de esos que usa la ETA para torturarnos.
En fín. Que si le quieren desear daño a alguien. Deséenle simplemente que ojalá tenga que hacer una mudanza. Con eso creo que ya será suficiente.
Luís de Miranda.