lunes, 30 de junio de 2008

Director 2008.06.28

Antes de comenzar este comentario quiero informarles de que no acabo de entender el juego del football. Es más, a pesar de ver decenas y decenas de partidos, a través de la televisión, cada día que pasa soy consciente de que no comprendo nada de nada. Y diría algo más. Me asusta el que sea el único español que no es capaz de elegir los once jugadores mejores del mundo… y así poder criticar al seleccionador nacional.
Sin embargo, en la tarde-noche dej pasado jueves, me senté delante del televisor , acompañado de mi esposa (la que por cierto, no soporta un partido de balón-pie), y sin saber porqué fui contagiado por las imágenes y por los comentarios que iba escuchando que cuando España metió el primer gol, tanto mi esposa como yo chillamos como posesos, presos de aquel contagio colectivo. Y ya no digamos cuando llegó el segundo gol… y la histeria se adueñó de nosotros cuando entró el balón, por tercera vez, en la portería de los rusos.
Aun hoy, sigo sin comprender como pudimos actuar de aquella manera, si no entendemos de foot-ball, ni jamás aceptaríamos una invitación para presenciar ninguna final, semi-final o un derbi “Celta-Deportivo” o “Real Madrid-Barcelona”. Pues, créanme, señoras y señores, que en estos instantes, tanto ella como yo estamos deseando que sean las nueve menos cuarto de mañana para volver a ver a esos maravillosos jóvenes deportistas que fueron y son capaces de unir las tierras de España e inyectarnos en las venas una pasión desenfrenada, bajo un epíteto que ojalá no caiga en la dura derrota: “¡podemos!”.
Desde este hermoso rincón de La Coruña, el barrio de Monte Alto, enviamos nuestras felicitaciones a los componentes de la selección española de foot-ball y les damos las gracias por la felicidad que nos están transmitiendo desde hace unas semanas.
Luís de Miranda.