jueves, 24 de julio de 2008

Director 2008.07.24

Mañana es el día de nuestro Patrón: de Galicia y de las Españas. Lo de “las Españas” no se refiere a las 17 que tenemos en la actualidad, ¡que también!; se refería a los territorios conquistados de ultramar y que tanta grandeza y poder nos dieron en aquel entonces. Grandeza y poder que fuimos dilapidando, por querer ser más papistas que el Papa y por una avaricia desmesurada y llevada a cabo por los Gobernadores de Las Indias y los altos y distinguidos representantes de la Curia Romana.
El problema de la Historia, por muchos retoques que le demos, por muchas variantes que inventemos, la bendita o maldita Historia es indestructible. ¿Y saben por qué?... Porque toda aquella parte escrita con sangre de vencedores y vencidos no hay forma humana de destruirla o falsearla. La Historia, señoras y señores, es la que es, nos haga sentir orgullosos o todo lo contrario. Pero tanto en un caso como en el otro, esos fragmentos de los siglos transcurridos son los basamentos de cualquier futuro y el origen de nosotros mismos y de nuestra propia formación cultural y moral. Y cuando no queremos ser conscientes de lo que realmente somos y negamos la existencia de nuestros ancestros, es que cultural y mentalmente estamos “fuera de órbita”.
Nos guste o no, somos hijos de la Historia… con mayúsculas. Y no unos hijos desalmados que renunciando a sus propias raíces, se inventan un domicilio y apellidos que jamás han heredado. Y como católicos que somos (aunque en este presente esté de moda presumir de agnóstico y perseguir a los creyentes o, por lo menos, ofenderlos e insultarlos), pidamos a nuestro Santo Patrón que este pedazo de la Historia que estamos recorriendo no termine como “el rosario de la aurora” y evite que el odio que estamos acumulando –por ambos lados- no fructifique… por el bien de todos.
Mi avanzada edad me enseñó que con las cosas de comer no se juega… y sin embargo siento que a una parte de la sociedad le encanta provocar, atacando por flancos que hacen daño a la sensibilidad individual.
Luís de Miranda