martes, 29 de julio de 2008

Director 2008.07.29

Muy poco se ha cubierto el itinerario que ha realizado el señor Obama, como si tal itinerario no afectase a la totalidad de los países europeos. Pues me gustaría recordarlo, con el permiso de ustedes: Afganistán, Iraq, Israel, Alemania, Francia e Inglaterra. Y quedamos sin visitar, como sucediera otrora, Italia y España.
La no visita a Italia se me escapa un tanto, ya que la “reentrada” de Berlusconi pareciera que no es o no está –por el momento- en las preferencias a nivel bloque europeo. Mientras que la no visita a España está muy clara, como vengo repitiendo desde aquel desafortunado día del desfile militar- mientras el señor Rodríguez Zapatero siga siendo el Primer Ministro del Gobierno de España.
Por mucho que trabaje la maquinaria propagandista española, a través de sus medios informativos, los señores Obama y John McCain, como ciudadanos norteamericanos que son, jamás le perdonarán al señor Rodríguez Zapatero el desprecio que le hizo a la Nación de ellos, al no levantarse –en señal de respeto al pueblo norteamericano- al paso de la bandera de las Barras y Estrellas: símbolo inequívoco de la unión, el respeto y libertad de unos pueblos, tras la Guerra de Secesión. Porque si de algo tenemos que estar seguros –tengamos la tendencia política que queramos tener- es que el señor Obama, por el hecho de ser negro, no quiere decir que sea menos listo que nosotros, ni tampoco olvidadizo. Y ningún pueblo que se precie y que se sienta orgulloso de su Nación, nunca podrá olvidar la mayor de todas las ofensas: menospreciar la enseña nacional.
Es posible que algunos pueblos vean en la bandera nacional un simple pedazo de tela con bandas o barras de colores o un sol naciente o una cruz coloreada o un globo terráqueo, etc. Lo que ustedes quieran… Pero, si sentimos un poco de respeto hacia los demás, tenemos que ser conscientes de que los símbolos de cada uno de ellos son sagrados y que un vulgar desprecio hacia cualquiera de sus símbolos puede desencadenar conflictos diplomáticos… como mínimo y con un poco de suerte. ¿O acaso olvidamos con que orgullo los deportistas de cualquier País del Globo se envuelven en su bandera nacional?...
Así que el primer aviso ya fue dado. Por consiguiente, para recuperar las extraordinarias relaciones que tuvimos con los EE. UU. de Norteamérica (a pesar de que Bush pasará a la Historia con más pena que gloria desde el pacto firmado en septiembre de 1953) tendremos que esperar a que La Moncloa esté ocupada por otro Primer Ministro. Y esto no quiere decir que tiene que ser de un Partido distinto al PSOE. No, en absoluto. Simplemente tiene que cambiar el hombre que a esta fecha ocupa la Presidencia del Gobierno de España. Mientras esto no suceda, las relaciones con el País más poderoso de la Tierra se mantendrán en el mínimo de los mínimos.
Créanme que otra vez más me gustaría equivocarme. Y le pido a Dios que así sea.
Luís de Miranda.