jueves, 7 de agosto de 2008

Director 2008.08.06

Yo le pediría al Ministro de Asuntos Exteriores de España, señor Moratinos ,que le exigiese al Gobierno venezolano (al que tanto admira nuestro Presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero)
Que revisasen los “pozos de la muerte” que existen entre Maracaibo y la Concepción y estoy casi seguro que allí estará probablemente el cadáver del gallego Raimundo Reinoso. Y la otra probabilidad, caso de no hallar el cuerpo del empresario caraqueño, es que lo hayan “botado” (tirado) al río Limón desde el puente que se atraviesa dicho río, en la carretera que une la frontera colombiana con la capital del Zulia.
En cuanto al barrio de San Francisco, al noreste de la capital de la “Tierra del Sol amado”, si alguien realmente interesado se acerca a la calle “Cecilio Acosta” (sede la la Jefatura de Policía Técnica Judicial de Maracaibo) allí obtendrá cuanta información se desee sobre dicho barrio “maracucho”, habitante por habitante. Y en supuesto caso de que la investigación no fructifica, el otro paso es acercarse hasta la ciudad de La Concepción y hablar (con dinero por delante, por supuesto) con el viejo cacique guajiro (el que yo traté ya habrá muerto, pues hace un poco más de cien años que ha nacido)… y problema resuelto.
Del caso de los niños o jóvenes raptados, y si aquel mercado negro de órganos sigue vigente, no auguren esperanzas, pues a lo máximo que pueden aspirar es a que se los devuelvan sin los órganos no vitales.
Y por favor no se asombren ni se echen las manos a la cabeza porque esos son los amigos que hemos elegido y de los que nos sentimos orgullosos, gracias a la simpatía y buen hacer de nuestro Ministro de Asuntos Exteriores y de nuestro Primer Ministro, señor Rodríguez Zapatero. Y ¿saben ustedes por qué se puede actuar así en Venezuela?... Porque el Poder Judicial está politizado y movido por las consignas que dicte el Gobierno. Y cuando en un País cualquiera los Jueces se mueven y saltan al ritmo que les fija el Dictadorzuelo de turno… todo esto es posible… y mucho más, todavía.
Luís de Miranda.