miércoles, 27 de agosto de 2008

Director 2008.08.08

Pienso que los residentes coruñeses (digo lo de “residentes” porque no quiero discriminar a los no nacidos en la Ciudad de Cristal)… Pues, bien… Les decía que los residentes coruñeses, barrio a barrio, comienzan a manifestar en público el cabreo acumulado tras el resultado de las últimas elecciones y del “potaje político” que se viene cocinando. (Así lo denominó un fiel y veterano votante del PSOE, de familia muy conocida entre nosotros).
Por ejemplo, lo que anteayer vivió y escuchó doña Carmen Marón, en el Castrillón, esa otra expresión más del desencanto que se va acumulando, en silencio, día tras día. Y es que lo que este servidor de ustedes viene denunciando desde el siguiente día a las pasadas elecciones es que todo cuanto se haga contra natura (incluso, si es una decisión política) no tiene jamás buen resultado.
Imaginemos que fundamos una compañía de investigación sobre la posible virginidad de las mariposas y que somos tres socios. El primero, el que más aporta, pone sobre la mesa 39 millones de euros; el segundo, 30 millones y el tercero, tan sólo 12… ¿Quién de los tres –me pregunto- debe tener la responsabilidad de Presidir la Administración?... Sin embargo, si actuamos contra natura, el o los que gobiernan son la minoría. Y la minoría, en cualquier situación, no deja de ser el simple “aire acondicionado” de la casa ú oficina… y que tan agradable y necesario resulta. Pero, de ahí a que influya en la estructura de la casa o de la Empresa, va un largo y profundo abismo. Y este producto presente es el resultado de la siembra que se ha extendido por las tierras sagradas de San Caetano y de María Pita. Porque, lo que pasa, es que el tiempo no perdona jamás (es otro cruel dictador) y aplica aquello de “quien a hierro mata, a hierro muere”. Y esta ley es inviolable: si nosotros sembramos patatas, no pretendamos recoger frijoles, porque de lo que se siembra, se recoge.
Sin embargo los políticos, una vez en el poder, en su subconsciente sigue incrustado el tan deseado “derecho de pernada”. Ellos y sólo ellos pueden decidir sobre nuestro futuro e, incluso, cuando logran monopolizar el poder absoluto, tienen la facultad de permitirnos seguir viviendo… hasta que ellos les venga en gana. De ahí que los vecinos de Eiris y El Castrillón jamás serán recibidos por nuestro máximo representante. ¿Y saben por qué?... Porque no han sabido guardar el respeto y obediencia debida a nuestra diosa madre… Y esa gravísima falta se paga con el desprecio más absoluto, a partir de ya… para posteriormente vestirlos de color butano, como en ciertos Estados del Norte de las Américas..
Luís de Miranda.