miércoles, 27 de agosto de 2008

Director 2008.08.21

Hoy, señoras y señores, cuantos componemos Radio Social Atlántico y debido a la enorme catástrofe sucedida ayer en las pistas del aeropuerto de Barajas, deseamos hacer llegar a las familias de las víctimas nuestro pesar más sentido por los 153 seres queridos que les han abandonado para siempre. Y al mismo tiempo, deseamos la pronta y total recuperación de aquellos que han tenido la suerte de escapar de aquel infierno.
Hoy, por respeto a esos familiares rotos por el dolor, no quiero entrar en las actuaciones de tales o cuales personalidades. Simplemente llevo 22 horas removiendo los archivos que conforman mi memoria y, créanme que en los manuales que hemos tenido que estudiar y que siempre acompañan a la tripulación, el fallo total de un motor no impide el despegue de la aeronave, por completo que vaya de pasaje. Otra cosa muy distinta es qué decisiones tiene que tomar el comandante del avión, en tiempo record: en fracciones de segundo, puesto que en esos instantes, por el tipo de aeronave que sabemos, la velocidad en el momento del “V-3” (así se denominaba hace unos años) debe estar entre los 160 y 180 kilómetros/hora. Y aunque las especulaciones son muy arriesgadas, el que ese motor haya fallado no es motivo para desencadenar tan brutal accidente. Ahí, como en toda catástrofe, tuvieron que intervenir varias situaciones y al mismo tiempo. Una de ellas –entre esas varias- pudo haber sido la no salida de los alerones del mismo lado, lo que hace que –a esa velocidad, el empuje contrario desestabiliza automáticamente la aeronave. Y si cualquier aeronave se desestabiliza en esos minutos tan determinantes, lo primero que pierde es empuje y, por consiguiente, velocidad. ¿Y que le sucedió al veterano comandante del avión?, por la escasa información que tenemos… Que se quedó sin velocidad y sin altura, entre sabe Dios cuantas cosas más.
En cuanto a haber abortado una salida y regresar para realizar comprobaciones, eso tampoco es atribuible a tal accidente, ya que existen dos tipos de “alarmas”. Una, de pura y simple información, por consiguiente no amerita la cancelación del vuelo. Y otra muy distinta, la que nos denuncia una avería o fallo en zonas vitales para la navegación.
Y por lógica y por veteranía, ningún comandante de vuelo arriesga su vida , la de sus compañeros y la del pasaje, por simple intuición. Créanme que cuando se toma la decisión de regresar a cabecera de pista, es que nada grave va a suceder… salvo que otras causas ajenas al buen comportamiento de la aeronave, se presenten al mismo tiempo. Y contra eso, la catástrofe es inevitable y muy dolorosa para los familiares de todos ellos.
Repito, Radio Social Atlántico envía el pésame más sentido a cuantos están viviendo la desesperación por la muerte del ser querido. Y este servidor de ustedes, como creyente que soy, elevo mis oraciones al más allá, por las almas de todos
Luís de Miranda.