martes, 9 de septiembre de 2008

Director 2008.09.09

Desde el primer momento me pareció una barbaridad que se haya permitido a los componentes del “botellón” hacerlo en los Jardines de Méndez Núñez, cuando cualquiera que tenga un mínimo de dos micras de espesor la masa cerebral (un centímetro sería demasiado pedir) sabe que por donde pasan estos bebedores impulsivos lo dejan peor que cuando pasaban las huestes de Atila por los campos de la vetusta Europa.
Mil veces he reconocido y reconozco que no soy la persona adecuada para tratar el tema del “botellón” con objetividad y/o imparcialidad, por dos simples razones: Una, porque cada vez que me reúno con unos amigos, ni ellos ni yo se nos ocurre llevar una botella con bebida alcohólica para poder contarnos las últimas novedades o chismes. Y dos, porque la educación que nos han dado a mis amigos y mí, nos impiden dejar las zonas donde han tenido lugar nuestros encuentros, como si se tratase de basureros municipales.
Yo sé que esto no lo dicen los políticos, porque a ellos les tiene sin cuidado si el presupuesto de este año se dispara, en el apartado de limpieza y aseo. Porque a los políticos –sean del signo que sean- lo único que albergan en sus mentes son los posibles votos. Entonces, no quieren jamás enfrentarse a los jóvenes, ya que, por razones de edad, todos a esos años es fácil, muy fácil, acercarlos a los ideales de las izquierdas, a los de los radicales o a los de los terroristas. Lo que se busca a esa edad es protagonismo y notoriedad… pero sólo unos pocos; ya que la mayoría, la gran mayoría de los jóvenes de ahora son responsables, son excelentes estudiantes…. Y no necesitan ningún protagonismo. El respeto que les tenemos se lo han ganado por si mismos… y no por mear, defecar, arrasar y ensuciar todo aquello que tanto dinero nos cuesta a los contribuyentes.
Gracias a Dios que sólo son noticia unos pocos cientos de insociables gamberros… cuyo futuro lo tendrán siempre muy, pero que muy limitado. Y de verdad, que es una pena, haber traído al mundo a un ser que es nuestro orgullo… y que con el paso de los años se convierta en un futuro delincuente.

Luís de Miranda