jueves, 11 de septiembre de 2008

Director 2008.09.11

Siempre he dicho y creído que los políticos son una especie diferente a la del resto de los mortales. Y una prueba de ello y que confirma esta introducción, es que en el día de ayer, el Gobierno Central de Bruselas nos ha dado un buen tirón de orejas a los españoles, confirmando, sin ningún tipo de ambages, que nuestro País ha entrado en recesión, a pesar de que el señor Rodríguez Zapatero sigue empecinado en negar tal realidad. Y para sorpresa nuestra resulta que quien ha comunicado tan dolorosa verdad, por el cargo que ocupa dentro de la Organización Europea, fue el señor Almunia. Y el señor Almunia, para aquellos fanáticos de la izquierda, no olvidemos que pertenece y milita en el Partido Socialista Español. Pero cuando un buen político consigue llegar a ocupar un puesto de relevancia, dentro del “staff” comunitario, no tiene más remedio que velar por la buena marcha del conjunto de Países que la conforman. Y si uno de esos Países o varios sufre o sufren una situación especial, su responsabilidad le obliga a denunciar cualquier peligro que pueda generar un desequilibrio social o político para la ciudadanía de tal o cual País miembro.
Es muy cierto que el Gobernante de turno debe evitar la alarma social, ya que ésta puede desencadenar el efecto de una progresión geométrica (algo no deseable para nadie). Pero cuando la situación de deterioro social cae sobre el conjunto de la sociedad, la obligación de todo gobernante es reunir a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales de la Nación y buscar la forma y manera de amortiguar el golpe, de la caída libre. Y una vez, dado ese primer paso, llamar a todos los medios de información para que hagan llegar al pueblo el análisis de tal situación extraordinaria y solicitarnos al pueblo liso y llano un pequeño o gran esfuerzo para salir del “túnel” lo antes posible. Lo que no es de recibo, lo que no es moral es contarle al pueblo (que es , en definitiva, quien va a pagar con sangre, sudor y lágrimas, las consecuencias de los irresponsables) unas “milongas” que ni los parvulitos se las creen.
Señor Presidente del Gobierno de España, por favor, reconozca que a usted le fuimos avisando (y humildemente me incluyo) de la “riada” que se estaba acercando a nosotros a velocidad endiablada y que nos iba a pillar de lleno. Y usted, mi respetado señor Presidente, nos hablaba de la foto de las Azores, de la virginidad de las mariposas, del señor Bush y de la ultra derecha. En una palabra, se tomó a broma la recesión (que todavía no acepta), porque a sus fanáticos tiene que darles “el pienso” que más les gusta “tragar”.
Allá usted y su conciencia. Pero, a mi modo de ver, la mentira sólo es válida a corto plazo. Y la larga, sus propios fanáticos le darán la espalda.

Luís de Miranda