lunes, 8 de septiembre de 2008

Director 2008.09.05

Por considerarme un fiel lector de cuanto escribe don Fernando Ónega, en la tarde de ayer y con mucha atención fui memorizando y analizando las líneas publicadas en La Voz de Galicia, en la sección “Opinión”, sobre la idea del Magistrado de la Audiencia Nacional, don Baltasar Garzón, y escritas por nuestro paisano. Y de entre todo lo leído, destaco lo siguiente: “… cuando no se puede juzgar unas muertes que, si han sido delitos comunes, han prescrito; y, si han sido delitos políticos, han sido perdonados por la Ley de Amnistía de la transición”.
A esto debo añadir las declaraciones de don Alfredo Pérez Rubalcaba, sobre el mismo tema, al mostrar su perplejidad por el hecho de que tales indagaciones puedan molestar a alguien porque se intente esclarecer lo que pasó con las víctimas republicanas en la Guerra Civil y con los represaliados por la dictadura.
Yo, desde mi humilde posición y con el deseo de ser lo más objetivo posible me pregunto: ¿También vamos a interesarnos por las matanzas de miles de curas, monjas y simples católicos (por el mero hecho de abrazar la Religión Católica, Apostólica y Romana)?. Porque durante los XX siglos, desde la existencia de Jesús de Nazareth, jamás la Iglesia y sus fieles seguidores sufrieron una persecución tan salvaje -entre la frontera francesa y el Estrecho de Gibraltar- por parte de los partidarios de las izquierdas. ¿Y qué listado nos ofrecerá el señor Garzón sobre las matanzas habidas en Paracuellos del Jarama y qué grado de implicación cabe atribuirle a Santiago Carrillo?.
En nuestra querida y añorada América Latina hay un dicho que dice lo siguiente: “lo que es igual, no es trampa”. Si los familiares de los muertos y desaparecidos del bando republicano desean saber –con todo el derecho del mundo- dónde están los restos de sus seres queridos; igual derecho deben tener los descendientes de los muertos y desaparecidos del bando nacional. Pero esto último, por lo que se desprende de lo que hasta ahora llega a los medios de comunicación, no está contemplado en las conciencias de los actuales hombres de los distintos poderes. Lo único que sabemos, y al leerlo ú oírlo se eriza todo el vello, es que con tales listados y con los levantamientos de los cadáveres “se van a cerrar las heridas con más de 70 años de existencia”.
Me perdonarán una vez más, pero lo que está provocando el PSOE y el Gobierno actual, a través del señor Garzón, es todo lo contrario: reavivar un odio que estaba en estado de letargo y que los socialistas de aquel tiempo supieron inyectar a partir de 1934… y provocar, dos años más tarde, una sangrienta guerra civil. Y esto se lo está diciendo quien tiene cadáveres de familiares directos en ambos bandos: por ser republicanos (unos) y por ser nacionalistas (otros).
Ojalá que ese despertar de aquel letargo no nos traiga lo indeseable. Lo único, lo sensato, ante tanto dolor, es concederles el mismo honor y gloria a los hombres y mujeres que defendieron sus convicciones y creencias, estuvieran en uno ú otro bando… y dejarlos descansar en paz, por nuestra propia tranquilidad.

Luís de Miranda