miércoles, 1 de octubre de 2008

Director 2008.10.01

“A mí no me hables de política porque no quiero saber nada, ni me interesa”…. ¿A que han oído esta maldita frase en infinidad de ocasiones?... Pues de aquellas y aquellos que dicen semejante idiotez pueden sacarse dos tristes conclusiones:
Una.- Que el futuro de ellos mismos, el de sus hijos o de sus nietos, les importa tres pepinos. Que el día de mañana nadie en su entorno hallará un puesto de trabajo, con cuyos ingresos sacarán el hogar “pa lante”, tampoco les quita el sueño. Si los niños no tienen plaza en el Colegio; si el día de mañana los ahorros “guardados” en tal o cual Caja se pierden o cuando llegue la edad de cobrar la jubilación, etc., etc. tampoco les importa. Lo importante es no hablar de política. Al fin y al cabo de la política solo viven unos cuantos iluminados.
Y dos.- Que el pueblo, ese que paga impuestos hasta por permitirle respirar, dejó de creer en todo aquello que soñábamos hasta la víspera del 20 de noviembre de 1975:
Los políticos, como tales, no les merecen el menor respeto y credibilidad.
La tan soñada y prometedora Constitución Española resulta que con el paso de estos 30 años (firmada el 27 de diciembre de 1978) sólo sirve para ser violada por unos y por otros, sin que el que tiene que velar por su garantía mueva un solo dedo. O, quizás, la hayan aprobado para que al leerla y compararla con la realidad, nos cabreásemos o desprestigiásemos a los “padres de la misma”.
Quienes tienen que impartir justicia por igual a los Alberto o a los malditos “camellos” que pululan por los barrios de nuestras ciudades y pueblos, resultan que están metidos en política hasta las cejas. Y por tanto, tienen que obedecer las consignas del Partido que han elegido… si, en verdad, desean seguir usando “toga y puñetas”. En cuanto a los que van a ser juzgados y condenados… que les den. Al fin y a la postres no dejarán de ser un simples pringados. Y si por una mala diligencia, violan y asesinan a alguno de nuestros niños, con una multa de1.500 euros queda el problema resuelto. En fin, que tampoco vale la pena dedicarles un segundo de nuestra pobre existencia.
Si todo esto se mete en una coctelera es posible que termine diciendo lo mismo que escribí en el encabezamiento: “a mí no me hables de política porque no quiero saber nada, ni me importa”.
¿Se dan cuenta, señoras y señores, qué difícil es aceptar y poner en práctica la tan esperada democracia?.

Luís de Miranda