viernes, 3 de octubre de 2008

Director 2008.10.03

Supongo que ya habrán visto el principal titular del Diario “La Opinión” de La Coruña, en el que se destaca que vecinos coruñeses se quejan de los caos de tráfico que provocan, mañana tras mañana, las mamás y los papás de los estudiantes, al “tirar” sus coches delante de los Colegios, formando doble, o triple fila, como si las calles o avenidas fuesen de su propiedad.
Esta falta de civismo y respeto hacia los demás se debe principalmente a que el 90% de todas esas personas prepotentes se han olvidado que una diminuta ciudad, como es la nuestra, las niñas y niños fuimos y fueron a clase a pie. Pero, claro, como ahora tenemos coche, nuestros hijos y nietos no van a ir a pie como si fuesen unos muertos de hambre o los hijos de un proletariado insoportable… puesto que, aunque la demagogia quiera imponernos aquello de que todos somos iguales, la realidad es que siempre hubo, hay y habrá diferentes clases sociales. Y esas mismas clases sociales son y serán las encargadas de poner a cada quien en su escalón social. Y la prueba de cuanto digo la tienen ustedes resumida en el titular de hoy: “padres y vecinos se quejan del tráfico caótico en los accesos a los colegios”.
¿Y saben por qué?... Porque en esta sociedad que hemos “fabricado” entre todos, la igualdad social solo existe en boca de los malditos demagogos. Esta sociedad (repito, que hemos “fabricado”) es una sociedad prepotente, soberbia, inhumana y cínica; pues con la boca pequeña muestra sus oscuras diferencias… y sin embargo, cara “a la galería”, presume de aquello de lo cual carece.
De ahí que yo sea un incomprendido y se me “cuelguen” etiquetas que no me son propias. Pero sinceramente, no me importa. Lo único que dejo al descubierto, en desnudo, es todo aquello que no deseo que hereden las siguientes generaciones.Señoras y señores, a ver si de una santa vez pensamos un poco en los demás, en los que han nacido desnudos, y verán como al final de nuestros días nos despediremos de este mundo con los deberes cumplidos, dejando en el recuerdo de quienes nos han amado alguna vez un buen sabor de boca.

Luís de Miranda.