martes, 21 de octubre de 2008

Director 2008.10.21

Frases que denominamos “castizas” me vinieron a la memoria, desde que leí una repugnante noticia, en el día de ayer.
Las frases que recordé son: “Si lo sé, no vengo”, “Los ladrones somos gente honrada”, “No sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió”,”O que nunca tuvo un porco e agora ten un porquiño… currichiño, currichiño”. Lo que están haciendo esta nueva hornada de políticos no tiene perdón de Dios. Desde agosto del año pasado, esta humilde Emisora de Radio –ahí está la hemeroteca- predijo que venía un “tsunami” económico, ya que la “burbuja” de la construcción estaba a punto de reventar, y que, por consiguiente, era aconsejable no despilfarrar los ingresos, ya que las consecuencias eran impredecibles.
Pues los dioses del Olimpo (conocido popularmente por los dioses autonómicos) resulta que no pueden viajar en coches normales y corrientes, como cualquiera de nosotros, porque sus vidas están catalogadas –por ellos mismos- como imprescindibles para la raza humana: no olvidemos que son los dioses de la Roma gallega y que están por encima de todos nosotros. Por lo tanto, tienen que viajar en coches de 480.000 euros (unos 80 millones de pesetas); comer en restaurantes de cinco tenedores, dormir en hoteles de cinco estrellas… mientras que nosotros, los contribuyentes, los que les damos de comer, los súbditos, tenemos que buscarnos la vida para llegar a fin de mes y abrir la puerta diariamente para que entren en nuestro hogar nuestros hijos y/o nietos…que desde ayer ingresaron en las listas de parados.
Yo no sé quien asesora a estos “dioses” o quien tiembla de miedo cuando uno de ellos solicita uno o varios de los signos que identifican a los grandes magnates y a los grandes capos de la droga y de las armas.
Si los asesores que tiene el señor Presidente de la Xunta de Galicia tuviese un mínimo de moral, le hubiesen rebatido semejante locura: comprar un coche de 80 millones de pesetas, cuando el pueblo liso y llano las está pasando duras y los ancianos se están muriendo en la soledad porque no hay centros para acogerlos y nuestros jóvenes siguen colaborando con nosotros, por ejemplo, sin que puedan percibir el importe de los tiques de autobuses o simplemente para tomarse a media jornada un refresco o un café con leche, como pago a su valiosa colaboración.
¡Ah!. Y no digo lo que he oído en las cafeterías y de manera muy unánime… porque lo que pedían para los “dioses” es lo que yo puedo ganarme, si lo escribo. Y pensar que hay ingresos carcelarios por menores delitos cometidos a la sensibilidad humana. ¡Qué asco!.
Luís de Miranda.