miércoles, 22 de octubre de 2008

Director 2008.10.22

Mientras escucho la canción titulada “el abuelo”, interpretada por el gran poeta y cantante Alberto Cortéz, en mis archivos cerebrales busco y rebusco todo aquello que he sentido y sigo sintiendo cuando oígo la palabra de mi Patria: España. Y es que cuando algunos españoles tuvieron que dejar nuestra bendita tierra por escapar del hambre que se había instalado en miles y miles de hogares (que fueron la gran mayoría); otros, como el que les habla, tuvimos que cruzar fronteras para no parar con los huesos en una comisaría de policía (primero) y en la cárcel de cualquier lugar (después), dejamos sólo físicamente la piel de toro ya que el orgullo y la nacionalidad españoles corrían por nuestras venas a una velocidad endiablada.
Una prueba de cuanto les digo es que invito a cualquier español que haya trabajado y residido fuera de nuestras fronteras a que sea capaz de negarme que fueron muchas las lágrimas derramadas al recordar a sus seres queridos, a sus amigos del alma, a las fiestas de su pueblo o las verdes campiñas o el olor de nuestros mares o el sabor de nuestros vinos y el de nuestras especialidades culinarias.
Otra de las pruebas que no debemos olvidar (y durante el campeonato de futbol europeo lo hemos visto a diario) es que, olvidándonos de la región de España donde cada uno hubiese nacido, nos envolvíamos en la bandera española con la misma esperanza y ternura que, de niños, nos entregábamos a los brazos de nuestra madre. Porque al sentir la bandera de España sobre nuestra piel, el pecho recibía los latidos incontrolados y acelerados de un corazón entristecido… por estar a equis miles de kilómetros de nuestra cuna.
Y hoy, ya ven ustedes, y por obra y gracia de unos descerebrados, se les prohíbe a nuestros descendientes a que conozcan nuestro idioma, a que amen y respeten nuestra bandera y a que hablen la Lengua de Cervantes: la que sirve de punto de comunicación a más de seiscientos millones de hispano-parlantes.
No sé para que diablos servirán las cuatro mil firmas recogidas en La Coruña, por la defensa de nuestra Lengua Madre, pero de todas formas debemos felicitar a las Asociaciones que nos apoyan, ya que el garante de nuestra Constitución todavía inaugura, por tierras del Mediterráneo, escuelas de deformación hacia la Madre Patria… sin analizar el incalculable daño que estos “centros de deformación” les hacen y harán a nuestros hijos y nietos. Dejemos, una vez más, que el tiempo me de la razón…aunque preferiría equivocarme.
Luís de Miranda.