viernes, 31 de octubre de 2008

Director 2008.10.31

Aunque nosotros, desde nuestra humildad estamos intentando programar una serie de distintos tipos y estilos de música, para distraerles en lo posible, no es menos cierto que cada uno de nosotros y de ustedes, y en estas fechas tan íntimas, intentamos minimizar el gran dolor que llevamos en nuestro corazón por la pérdida física (sólo física) de nuestros seres más queridos. Y es que es raro el día, que por una ú otra razón, no venga a nuestra memoria la figura de nuestra madre, de nuestro padre, de nuestra hija o de nuestro hijo, que se nos han ido para siempre… para eterno dolor nuestro. Y ese dolor nuestro es como la espina que está clavada bajo la dermis o la epidermis y que tanto malestar nos causa.
Y aquello que en la mayoría de los casos deberíamos comprender, como es la ley de la naturaleza, cuando nos toca de cerca nos negamos a aceptarlo. Porque en el caso de nuestros mayores, sus experiencias nos sirvieron de “libro de consulta”, tan necesario en todas las épocas. Y en el caso de nuestros menores, nos resulta incomprensible como el destino puede arrebatarnos el futuro del futuro, el máximo de los valores y nuestro propio relevo. De ahí que cada fin de semana les recordemos a nuestros jóvenes que tengan mucho cuidado en las carreteras, que cumplan las normas de seguridad vial, que mediten sobre si vale la pena pasar a ocupar un puesto en el cementerio por presumir de “Fitipaldi” o por quererle ganar al tiempo un par de minutos y excederse en los límites que nos ordena la DGT.
Elevemos estos días y siempre nuestra más profunda oración de recuerdo y respeto por todos ellos. Y como católico que soy le pido al Señor que los tenga en la Gloria y que descansen en paz.
Luís de Miranda.