martes, 9 de diciembre de 2008

Director 2008.12.09

Para ninguno de ustedes es un secreto, que un indeseable, un primate, un descerebrado, un anti-español, hizo una exaltación a la muerte de nuestro Jefe del Estado, vociferando un exabrupto de grandes proporciones: “El Tribunal Constitucional es un órgano corrpto. ¡Viva la República y muera el Borbón!”. Este individuo se llama, como habrán oído a través de los distintos medios de comunicación, Joan Tardá.
Si repugnante ha sido esta proclamación, no es menos repugnante las declaraciones del Presidente del Congreso de Diputados, don José Bono, cuando disculpó a este impresentable considerando que “no es algo que él sienta, sino que se debe más bien a su carácter un poco primario”.
Para quienes no tenemos la suficiente formación del Derecho Constitucional, nos sorprende que un exabrupto de esta envergadura no haya tenido ninguna actuación inmediata por parte de la Fiscalía General: la que tiene la obligación de mantener la convivencia democrática, aplicando en cada momento, las leyes vigentes y que hasta el presente han conseguido que todos los españoles, sin excepción, estemos viviendo en paz.
Es increíble que la izquierda española (aun teniendo como tiene gente demócrata y maravillosa) siga anclada en viejos pasajes de la Historia, como lo hicieron en los años de 1934,35 y 36 del siglo pasado. Y es cuando carece de argumentos razonados y programáticos, recurrió y sigue recurriendo a “páginas poco afortunadas”, como en la actualidad lo está haciendo con los tristes y duros hechos que toda guerra civil genera… en ambos lados; cuando tomos somos conscientes de que en cualquier guerra lo importante es ganarla. Por consiguiente, cada bando recurre a imponer el terror, por los medios más inhumanos e injustificables; y al mismo tiempo, buscar la forma de causar el mayor número de bajas posibles. De hecho, existe una frase que no comparto, pero que está ahí: “en el amor y en la guerra todo está permitido”.
Y si el ala par cometió injusticias y barbaridades; el ala impar, tres cuartos de lo mismo. Entonces, si queremos ser justos, tratemos con idéntico respeto y honor a quienes nos fusilaron y a quienes fusilamos; puesto que unos y otros defendieron aquello en lo que creían.
También esa parte de la izquierda –que son los menos- y debido al odio acumulado desde 1934, sigue abrazando aquellas obsoletas consignas y sigue destacando, para envenenamiento de la sociedad, hechos pasados, como por ejemplo, el comportamiento de la Iglesia de entonces, durante la dictadura. Como por ejemplo, la foto de las Azores, el accidente del “Yac-42”, el envío de nuestros soldados a la guerra de Iraq (donde no hubo ninguna baja española), las fallidas negociaciones con la banda terrorista ETA, etc., etc. Pero lo que nunca deseó la derecha actual (aun no estando al cien por cien de acuerdo con ella) es esa obsesión de eliminar físicamente a los adversarios políticos, como en el caso que nos ocupa o el de desear que la Presidenta de la Comunidad de Madrid debería estar colgada de una catenaria ferroviaria o acostada en la vía del tren, como todos hemos oído en su día.
En fin, y para terminar, a los españolitos de a pie nos gustaría saber por qué el Gobierno actual guarda silencio, ante esta amenaza de muerte encubierta al Rey de todos los españoles.¿Será –pregunto- porque ese irracional es socio de Gobierno con el PSOE? A lo mejor, y a partir de ahora, decir en público ¡Muera el Rey!, siempre que seas aliado al Partido que está en el Poder, se considerará un exabrupto, emitido por gente con un carácter primario.
Por favor. Quienes deben velar por la convivencia pacífica de la Nación que apliquen las leyes vigentes y obliguen a este demente a que entregue su Acta de representación en la Cámara Baja, puesto que no merece representar a nadie de bien, desde ya.
Para mí, y lo digo a título personal, el que se deje pasar por alto unas declaraciones tan graves contra nuestro Jefe del Estado Español, (al que le debo la máxima lealtad), sin la menor repercusión política, lo consideraré como una página negra en la Historia de España… en la que el actual silencio puede interpretarse como aprobación.
Luís de Miranda.