jueves, 11 de diciembre de 2008

Director 2008.12.11

Algunas llamadas telefónicas me felicitaban por mi deseo de que todos nos amemos… hasta, si es necesario, volvernos locos. Otras, sin embargo, dicho deseo lo encuentran ordinario y vulgar. Sea como sea, el hecho es que cada quien tiene una forma distinta de ver y analizar la vida… dentro de una sociedad formada por todos nosotros y en la que encontramos “santos”, “beatos”, caballeros, maleantes, delincuentes, terroristas, violadores, anarquistas… ¡ah! Y también nos encontramos con gente con ideas fascistas, comunistas, liberales, separatistas y anti-sistema, anti-globalización y anti-todo.
En fín, que todos tenemos cabida en esta bendita esfera, llamada Tierra. Y si la Tierra tiene la capacidad de darnos albergue a todos nosotros… y ya somos unos cuantos miles de millones… nuestros corazones tienen mil veces más de capacidad para amar. Para amar a nuestros semejantes, para amar la flora y la fauna que nos rodea, para amar a los irracionales… aunque muchos de ellos los convirtamos en exquisitos manjares, después de arrebatarles la vida, y a otros los hayamos elegido como amantes.. Sí, sí, lo he dicho bien: amantes. Porque, aunque algunos humanos nos sorprenda, la pasión por la “zoología” existe desde el principio de los tiempos. Y lo más curioso es que no morirá jamás.
Sin embargo, y por razones obvias, habemos también miles de millones de habitantes que amamos a nuestros semejantes: mujeres y hombres. Y los amamos de mil formas diferentes. Unos cantando una canción romántica, frente a la reja de su casa. Otros, robándole horas de descanso al sueño, y escribiendo frases que disparan los sentidos más bellos y sensitivos. Otros ordenando la compra de un coche, un chalet o de una joya de Tiffany. Otros regalando una o unas flores con una nota adjunta en la que puede leerse simplemente “¡Te amo!.
Parece ser que todavía quedan viejos “rokeros del amor” que le dicen a sus parejas “¡Te amo!”… que no es lo mismo que decirle “¡Te quiero!”.
Pues bien, para toda esa gente que recibe y da amor –pero amor con mayúsculas-, mi deseo es que no dejen de amarse. Porque así como somos capaces de amar a todos aquellos que nos corresponden, también somos capaces de amar a los compañeros de clase, a los compañeros de trabajo, a los vecinos y a los que nos odian… por error. Y para todos ustedes, nosotros, los que componemos Radio Social Atlántico, les invitamos a escuchar una canción que queremos se convierta desde hoy en el símbolo de la confraternidad. Su título… “… y te amaré”.
Luís de Miranda.