lunes, 15 de diciembre de 2008

Director 2008.12.15

A todos nosotros, y en estas fechas, nos regalan calendarios del próximo 2009 con los deseos de felices Pascuas Navideñas y mucha prosperidad para ese próximo interrogante que, como los anteriores, siempre supone todo un año de éxitos o de desventuras. Esperemos que sea solo de venturas y felicidad y así se lo deseamos a nuestros radioyentes.
Pues bien. Una vez ese calendario en nuestro poder, hojeamos sus páginas y buscamos en ellas unas fechas, unos números, que nos retrotraerán a bellos pasajes de nuestra propia existencia. Y es que al ojear los 28, 30 y 31 días impresos en cada mes, vienen a nuestra memoria acontecimientos imborrables. Y dentro de esos números, cada uno de nosotros, nos detenemos en uno determinado.
Por ejemplo, en mi caso, destaca sobre todos ellos el número 12, puesto que un 12 es el día en que he nacido. Otro 12, el del Día del Pilar, me recuerda los años universitarios en Zaragoza, así como a la Patrona de la Hispanidad, a mi primera novia formal y mi primer trabajo en el Diario “Amanecer” de la capital aragonesa, donde a las órdenes de mi primer Director, Ulpiano Vigil Escalera, comencé el largo e interminable camino del periodismo escrito. (Resalto lo de Periodismo escrito, porque el radiofónico es muy, pero que muy diferente). En otro 12, recibí en la ciudad de Maracaibo (Venezuela) el primer tiro de revolver y en otro 12, pero en la propia capital de Caracas, recibí el tercer tiro. (El segundo fue en otra fecha distinta). En un mes de diciembre (el nº 12 de nuestro calendario), corrí mi primer “rally automovilista”. Y en otro día 12 del mes 12, pude besar a otra bella e indescriptible criatura, que Dios ha puesto en mi camino. Una mujer inteligente, sensitiva, sencilla, colaboradora con todo aquel o aquella que la necesite y con un corazón que todavía no concibo –a través del recuerdo que mantengo de ella- cómo puede caberle en la caja torácica.
¿Qué intento hacer llegar a todos ustedes con esta historia de los calendarios y los números?.- se estarán preguntando… Pues algo muy sencillo: la realidad que encierra cada nuevo año. Y la realidad, al igual que los números, es muy cabezota. Tan cabezota, que nos sorprende con sus coincidencias. De ahí que sea un individuo creyente en el destino de cada uno de nosotros.
¿Por qué en estos días de tranquilidad alrededor de la calefacción o el brasero (este último poco aconsejable) o envueltos en la manta que cubre la cintura y las piernas no repasan su existencia y se asombrarán de la cantidad de veces que se repite un mismo número?... Créanme que es un ejercicio sano, sobre todo para nosotros los mayores, porque en él y con él nos sentiremos vivos y repletos de sueños en despierto. Como también son buenos ejercicios mentales, resolver un “sudoku”, un crucigrama o jugar al “parchís” y a las “siete y media”.
En fín… Hagamos como el calendario. Archivemos, día a día, hora a hora, cada vivencia que nos devuelva la ilusión de seguir aquí y rodeado de personas que nos aman, que nos quieren, que nos aprecian y que nos respetan… ¡que no es poco!.
¿Por qué Dios me ha regalado una hija que nació un seis del mes seis?... me he preguntado muchas veces… Quizás, porque ambas cifras suman doce… Y el doce será mi número de la suerte hasta que les deje para siempre.
Ahora sólo me toca esperar que el Destino sea complaciente conmigo y me conceda que un 12 del 12 del 2012 se cierre para siempre mi propio calendario.
Luís de Miranda