miércoles, 7 de enero de 2009

Director 2009.01.07

Durante generaciones y generaciones nos dijeron que “la cara es el espejo del alma”. Y por los “golpes” que la vida nos da a cada quien –después de una traición- llegamos a la conclusión de que el porcentaje del dicho generacional alcanza el 99%... como mínimo.
Pues bien. Mas de un tercio de la población mundial que se sienta ante un televisor o que hojea ú ojea Diarios, ha visto, en primer plano, una expresión de odio que nuestro Presidente del Gobierno de España… y que es la misma que muestra durante los desfiles militares… y que es la misma que muestra cuando en Torrejón de Ardoz tienen lugar los actos de dolor y respeto por nuestros militares asesinados, fuera de nuestras fronteras. Y es que no lo puede evitar. Es tal la carga de animadversión que siente hacia nuestras Fuerzas Armadas; que hasta la propia Ministra del Ejército se permitió el lujo de insultarlas, alegando que hasta ahora no supieron ni saben distinguir objetivos militares de objetivos civiles.
Otra demostración más de lo anteriormente dicho, es que nuestro Primer Ministro se permitió el lujo de devolverle al Gobierno Mejicano, la Bandera ganada, en buena lid, en los campos de batalla. Este acto, en sí, es una gravísima ofensa que se le hace a los ejércitos; ya que en toda batalla, el ejército vencido entregaba la Bandera y el sable del máximo responsable militar. De ahí que por el mundo entero, haya banderas españolas, por las batallas perdidas… y viceversa.
En definitiva. Yo no sé a qué están jugando nuestro Presidente del Gobierno y la Ministra del Ejército. Pero… tengo la impresión (muy personal, por cierto) de que están jugando con fuego. No se puede estar ofendiendo, día sí y día, también, a nuestros militares… y luego restregarles la Constitución por las narices.
No sé porqué me vino a la memoria Gaza… Quizás sea una deformación profesional… No lo sé. Lo único que tengo claro –y supongo que ustedes, también- es que los cobardes tiran los cohetes y luego se esconden tras los niños, los ancianos y los enfermos. Porque no creo –como diría nuestra Ministra- que el Ejército de Israel tenga que venir a España para que la señora Chacón les enseñe a distinguir los objetivos militares de los objetivos civiles.
Créame, señora Ministra, que yo la creo a usted; puesto que es muy difícil distinguir la cobardía y el odio.
Luís de Miranda.

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