lunes, 9 de marzo de 2009

Director 2009.03.09



Recuerdo que en mi niñez era de lo más normal cruzarse en la Plaza de los Hermanos Naveira, con las mujeres que llevaban sobre la cabeza la sella del agua -la que pesaba, por cierto, un montón de kilos, en vacío- desde la Fuente hasta sus hogares. Y aquellas escenas se venían sucediendo desde el año de 1866, en que se inauguró dicha fuente.
Y como mi querida villa de Brigantium no era muy extensa, a la misma señora se la podía ver en el lavadero municipal de “Las Cascas”, haciendo la colada de sus 12, 15 ó 20 hijos... y el que venía en camino; pues aquellas abnegadas madres y abuelas se pasaban la vida de embarazo en embarazo. Y después del “xantar” se iban a cavar la tierra y prepararla para la siembra de lo que correspondiese, según la época del año en que se encontrasen. ¡Ah!. Sin olvidarnos que se fregaba el piso de toda la casa, más las escaleras, a punta de cepillo y lejía... y de rodillas, para hacer amena la jornada.
Aquellas señoras betanceiras (las que he conocido) eran para los hombres de los siglos XIX y XX, una especie de mulas de carga y unas hembras a la que había que tener preñadas siempre, como demostración de ser un buen macho.
Pues no contentos con ese sometimiento, todavía los muy machos no les permitían que aquella mujer se formase intelectual o profesionalmente... puesto que, si lo hacían, intentarían equipararse al hombre... y eso no podía consentirse. Tanto les duró a aquellos machos el bloqueo, que por muy duros que se pusieron contra el movimiento femenino que se puso en marcha sobre 1920, aquellas benditas abuelas nuestras lograron en el año de 1931 el derecho a reconocerlas como ciudadanas con idéntico derecho que los hombres a decidir, por medio de votaciones libres y secretas, el futuro de España. Porque no olvidemos que cuando la mujer fue más despreciada y menos valorada -¡oh, sorpresa!- fue durante la segunda República... sin olvidar ciertas limitaciones seguidas por el régimen de Franco: sin la firma del esposo no podía abrir una cuenta bancaria o desplazarse de Betanzos a La Coruña o a Madrid... por poner unos ejemplos. Sin embargo, durante el régimen de Franco, si que la mujer coincidió conmigo en los estudios a todo nive y también en puestos administrativos.
Confieso, y quienes me conocen de años podrán afirmarlo, que mi padre me inyectó el respeto y el amor hacia la mujer, con el ejemplo que mantuvo en nuestro hogar. Por eso hoy -aunque con un día de retraso- quiero felicitar a la mujer y animarla a que siga luchando por conseguir la igualdad que tanto se merece... aunque reconozca que la mujer latino-americana o la que viva en Países dominados por el Islam...tiene muy poco porvenir, en cuanto a respeto y derechos humanos.
Y por favor, dejemos de seguir “hiriendo” a la mujer con esos parches del maldito 50%, porque, para mí, ese no es el camino que libere a la mujer del yugo machista. La mujer de hoy, a Dios gracias, no necesita de ningún “favor”, por nuestra parte. Está lo suficientemente preparada para ocupar cualquier puesto de responsabilidad, como cualquiera de nosotros.
Señoras y señoritas, Radio Social Atlántico y cuantos componemos su plantilla, les felicitamos de todo corazón y hacemos votos para que la desigualdad actual, por razones de salarios y sexo, no se ampare en ese maldito porcentaje del 50%.
Luis de Miranda.