viernes, 20 de marzo de 2009

Director 2009.03.20


Cuando una mujer o un hombre elige el camino de la política, tiene que tener presente -siempre, siempre y como primer mandamiento- que las que han sido y los que han sido sus compañeros de estudios y juegos -y por lo tanto, sus amigos- tienen que dejar de serlo... por el bien de los dos, como dice el bolero. Pues bien, pienso que el 99% lo han entendido así. Y así lo vienen manifestando, día a día.
Sin embargo, por debilidad afectiva, existe un 1% que no le importa seguir manteniendo la buena amistad con aquellas y aquellos que ha elegido como sus incondicionales.
Sin ignorar el mantenimiento de esa amistad hacia mi persona y otras es debido a que el mero hecho de poder mantener una entrevista a equis kilómetros de la ciudad -para evitar la presencia de principiantes y “ratas” de la información- para tratar algún caso delicado y complicado... que ambos tenemos que mantener en secreto. O simplemente compartir “mesa y mantel” o tener el número de su móvil no me da derecho a tener que ser atendido de inmediato o a solicitarle que cometa alguna irregularidad, para beneficiarme o beneficiarnos.
Si presumo de ser respetado por políticos de distintas formaciones, ello es debido a que aquellas informaciones que hemos pactado de “top secret” y sin ningún micrófono, a día de hoy siguen archivadas y guardadas bajo mil llaves. Y les puedo asegurar, señoras y señores, que he tenido auténticas “bombas informativas y en primicia”... y sin embargo preferí que fuesen otros medios los que pusieran sobre la mesa parte de aquella información, “aliñada” con “supuestos”, “fantasía” y “consignas partidistas”.
Anteayer y cuando iba camino de mi domicilio, recibí dos llamadas de altos cargos de la política, en la que uno de ellos me dijo que iba a descansar estos días de puente porque se sentía agotado; y el otro para oír mi voz, ya que teniendo su número del móvil, hacía casi dos años que no comíamos juntos ni nos llamábamos.
Esa ha sido toda la información. Pues bien, yo les pregunto a ustedes, “¿este tipo de llamadas telefónicas demuestran una amistad?... Pienso que sí, porque a estos altos cargos lo que les falta es tiempo para ellos mismos. Y ese poquísimo que tienen, anteayer me lo dedicaron a mí.
Desde estos micrófonos les envío mi agradecimiento y un fuerte abrazo, al tiempo que les recuerdo que un político -a ese nivel- no debe mantener ningún tipo de afecto con aquellos que saben de antemano que los quieren usar para proyectos nada claros... y para traicionarlos, una vez que dejen de ocupar tales cargos.
Conclusión. Esta sociedad está formada por miles y miles de “fieras en celo”, en medio de una tupida selva, y cazadores furtivos... dispuestos a todo. Y las primeras piezas a cazar son todas aquellas que están visibles... en las pantallas y revistas que se dedican a cobrar de nuestros impuestos las malditas subvenciones: las madres de toda corrupción.
Luis de Miranda