jueves, 2 de abril de 2009

Director 2009.04.02


Créanme cuando les digo que después de 56 años que llevo “soportando” a los distintos políticos que he conocido, que he intercambiado opiniones e ideas, que he tomado algún que otro café con ellos o compartido “mesa y mantel”, en bastantes ocasiones, lo cierto es que los actuales me saturan, me aburren y me enfadan. No es posible que sigan hablando a los contribuyentes y a los millones de parados, como si se tratasen de infantes o de gente con un bajísimo grado de inteligencia. Y a más, por si ese comportamiento no bastara, mienten como “cosacos” y jamás serán amigos de nadie... y mucho menos de sus compañeros de Partido. Muestra de cuanto estoy diciendo (escribiendo) es que al preguntarle a don Mariano Rajoy por la suerte que va a correr el administrador del Partido Popular y de las acusaciones que ciertos medios de comunicación están sacando a la calle... su respuesta ha sido el silencio y la actitud prepotente y despectiva hacia los compañeros de profesión.
Vamos a ver, señor Rajoy. A muchos de nosotros, los contribuyentes, nos gustaría que nos aclarase “a la castellana” -no, “a la gallega”- lo siguiente: si un hijo o un colaborador de confianza, como tiene que serlo un administrador, es acusado de ladrón o de “proxeneta”; y usted está seguro de su inocencia, saltaría a los medios de comunicación para defender su honor. Pero, si por el contrario, usted está convencido o simplemente acepta o pone en duda las acusaciones contra esa persona... y además guarda silencio... usted indirectamente lo está acusando. Y como ya lo ha acusado en el día de ayer -al no admitir que se le preguntara por algo tan delicado-, ¿qué diablos espera usted para ponerlo de patitas en la calle, así como al “comisionista” o a los receptores de “regalos”?... ¿Tanta información manejan que les espanta que, una vez enfadados, saquen a la luz algún que otro secreto?... Y después de sufrir nosotros -repito, los contribuyentes- esta corrupción que se está desbocando, día a día, y que más pronto que tarde nosotros tendremos que pagar, resulta que usted, don Mariano Rajoy, tuvo el cuajo de responderle a un pobre camionero que gana 850, de los cuales paga una hipoteca y mantiene a dos hijas pequeñas, que “tenga paciencia y que aguante esta crisis”, cuando este hombre le preguntó qué haría usted para paliar esta crisis.
Moralmente una respuesta de este tipo, ante personas que están al borde de la desesperación, dejan claro, muy claro, el sentido de indiferencia que siente un político hacia la población que le paga un ritmo de vida que, en el mercado laboral, sería casi imposible igualar. De ahí que regrese a mi punto de partida de hoy: “nuestros políticos -salvo alguna honrosa excepción- se están ganando a pulso el mal concepto que tenemos de ellos, en líneas generales”.
Luis de Miranda