miércoles, 15 de abril de 2009

Director 2009.04.15


Si la memoria no me falla, hace tiempo que vengo recordándoles que al confesar que uno es católico, y debido al concepto que tienen de nosotros algunos socialistas y la totalidad de los separatistas o anti-españoles, es poco menos que declarar que uno está condenado a una muerte cruel y que merecemos que se nos envíe al célebre “valle de los leprosos” que los romanos crearon para aislar a quienes padecían tal enfermedad. Y allí, abandonados y aislados del resto de los humanos sufrieron una de las muertes más horrendas.
Releyendo una y otra vez la entrevista que el Diario La Opinión de La Coruña le realizó a nuestro inolvidable don Francisco Vázquez, embajador de España cerca de la Santa Sede, vino a decir prácticamente el sentir de muchos de nosotros: “Hoy ser católico no está de moda y no es fácil. Es bueno que los que lo somos hagamos visible nuestro compromiso sin ningún complejo, puesto que hay un ordenado y planificado ataque contra la Iglesia desde distintos sectores del pensamiento”.
Lo preocupante no es que ese sector nos tilde de “mea pilas” o “fascistas” o algo que no puedo decir (escribir) para no terminar ante un Juzgado de Guardia. Lo peor, lo dañino para nuestros jóvenes que están en proceso de formación intelectual, son esas muestras de animadversión que conllevan irremisiblemente -y ellos lo saben- a un rechazo, primero, y a un odio irrefrenable, después. Y ello es debido a que todo pueblo que ignora o reniega de sus orígenes es un pueblo sin rumbo, muerto.
Lo reconozcan o no, la labor que todavía sigue desempeñando la Iglesia, a través de organizaciones de voluntarios, por distintos países del mundo, no la han hecho, ni la hacen, los gobiernos de nuestra gran Europa. Y esa labor silente y continuada hace que millones de marginados y enfermos reciban una atención humana y real... que jamás recibieron, ni reciben, por muchos deseos grandilocuentes que expresen por medio de notas llenas de “buenas intenciones”.
¿Donde están los centros de atención para nuestros mayores, sin recursos económicos?. ¿Donde están y en qué condiciones los centros para atender a los enfermos mentales o que sufren simplemente “Alzheimer” y que carecen sus familias de medios económicos?. ¿Donde están los pozos y las bombas de agua para paliar la sed de ciertas áreas del globo terrestre?. ¿Donde están las escuelas de formación básica o los talleres de formación profesional o las viviendas dignas... tantas veces prometidas en la mayoría de los países y reflejadas en la Constitución de cada uno de ellos?. ¿Qué organismo del Estado recoge la ropa que nosotros dejamos de usar y la reparte entre los mendigos que pululan por nuestras ciudades o villas?. Y por último, ¿donde creen ustedes que van a comer diariamente las familias que han perdido el trabajo y el derecho “al paro” y que dejan de percibir un sólo euro?...
Luis de Miranda.