lunes, 20 de abril de 2009

Director 2009.04.20



Me sigo preguntando, desde hace poco más de dos años, ¿cuándo diablos se va acabar con la guerra civil española?. Y saco esta realidad a colación, porque siento que a unos cuantos cientos de insensatos les interesa remover las ocultas cenizas y reavivar el fuego de las pasiones más difíciles de controlar: el ofender y menospreciar a nuestros muertos. Sin darse cuenta que cuando de nuestros seres más directos y queridos se trata, la razón y el perdón son los últimos que aparecen en escena. Y es que llevábamos 68 años con las páginas de la Historia archivadas en el fondo de nuestros corazones; e, incluso, cruzándonos en las calles de nuestros pueblos y ciudades con los familiares de quienes asesinaron a nuestros padres, hermanos o hijos... sin que nadie hiciese ademán de tomarse la justicia por su mano. En una palabra: estuvimos viviendo en paz.
Y ahora cuando el pasado primero de este mes se han cumplido 70 años de perdón y comprensión, por ambos bandos, resulta que unos cientos de irresponsables están “machacando” las conciencias de un sólo lado; cuando éstos no han vivido la guerra, ni tienen puñetera idea de la verdad más cercana, como los que todavía nos mantenemos en pie. Y los que seguimos en pie, nos gustaría saber cuando podremos publicar los nombres de los asesinados por las izquierdas e incluso con los apellidos de los familiares que lo hicieron... y con los que todavía nos encontramos en cualquier cafetería o restaurante... de tanto, en vez. Y sin embargo, hasta el presente, nadie molestó a nadie: el pacto de silencio y olvido se seguía manteniendo, afortunadamente.
Pienso que ante estas provocaciones y el remover los sentimientos archivados provocarán automáticamente el renacimiento del rencor y la venganza por la venganza. Y bueno sería que algún político responsable, así como el Poder Judicial, pusiesen coto a estas provocaciones, a estas venganzas... por el bien de las familias de ambos bandos de la guerra civil.
¡Ah!. Y nosotros, los medios de comunicación, también somos culpables por cubrir este tipo de informaciones. Si los que en el momento presente están crecidos y con derecho a ofender a las familias de la otra “cuneta”, y todavía nosotros les publicamos sus insensateces, quizás estemos avivando el fuego de las más bajas pasiones. Pensemos en un pueblo sin futuro, en millones de personas que ven truncadas sus ilusiones laborales y sociales, que poco o nada tiene que perder... y que nosotros, desde las rotativas, desde los micrófonos o desde los ordenadores ayudamos a fomentar el odio por el odio... ¿qué podremos desencadenar?... Mejor ni lo piensen ni lo pronuncien. Porque todo aquel que no tiene presente ni futuro (y en este momento pasan de los cuatro millones, más sus familiares)...el jugársela a una sola carta les supone aspirar a una justicia moral y humana... que nada bueno generará para seguir manteniendo una buena convivencia.
Luis de Miranda.