jueves, 14 de mayo de 2009

Director 2009.05.14



Como hacen muchos de ustedes, en el día de ayer he cenado con la hija de una ex-compañera mía de estudios (por cierto, votantes del PSOE) y me decía, preocupada, que todos los días ve y escucha uno de los Canales afectos y subordinados a las consignas del señor Rodríguez Zapatero. Pero que -en concreto- no comprendía como puede lanzarse a la opinión pública una serie de declaraciones, por parte de uno de los contertulios que diariamente están en ese programa, cargadas de un odio tan desmesurado hacia el Partido Popular, hacia sus dirigentes y, por extensión, hacia los votantes de la derecha española. Es como si deseasen desencadenar -me decía repetidas veces- lo que su madre le contaba de los años 30 del siglo pasado: entre 1934 y 1936.
“De verdad, Luís -continuó diciéndome- que me asusté... y mucho. Y pienso que esa no es la forma de aceptar y conformar una democracia; sino, todo lo contrario. Entiendo y comprendo que cada Partido Político contrate a periodistas simpatizantes para que arrimen el ascua a su sardina. Pero de ahí a descalificar, con insultos y frases barriobajeras, al adversario político va un tremendo abismo”.
Curiosamente -y creo que lo he comentado en algunas ocasiones- yo soy uno de los tele-espectadores que ven y escucha esa Emisora; ya que mi lema es el de estar informado al máximo, siempre y cuando el tiempo y los horarios me lo permitan. Y debo confesar que su preocupación también me preocupa. Aunque los que recordamos hechos y escenas impactantes de la guerra civil española, ya no nos asustan demasiado los desabructos. Otra cosa muy distinta es la idea que nuestros hijos y nietos tienen de tal contienda; ya que cada uno de nosotros vivimos en carne propia y en la de nuestros familiares más directos los horrores de la guerra y sus posteriores consecuencias... Y así se la hemos transmitido a nuestros descendientes.
Por lo tanto, estas generaciones en activo se mueven con arreglo a las informaciones que han recibido... por tales o cuales medios. Y todo esto está sucediendo por haber permitido la deformación de nuestra propia historia española, ya que cada autonomía cuenta el Cuento de Caperucita a su manera.
Por cierto, si quieren saber el origen y el autor de dicho cuento, lean a doña Carmen Martín Gaite en la narrativa titulada “Caperucita en Manhattan”. A parte de ser una obra muy amena, en ella descubrirán como se va deformando cualquier fantasía: la que al final de los tiempos no tiene nada que ver con el origen.
“Y si esto es preocupante, qué me dices de lo que acaba de suceder en Valencia en el Estadio de Mestalla. Luis -continuó diciéndome- como alguien no rompa este alud que viene rampa abajo y sobre nosotros, aquí va a suceder lo que nadie deseamos”.
Estoy al cien por cien de acuerdo con la hija de esta buena amiga mía. España tiene tres cánceres muy avanzados (el que no quiera reconocerlo, es libre de hacerlo) y estos están enquistados en Cataluña, Vascongadas y Galicia. O este alud de insensatez se destruye de inmediato o habrá que exigir que se nos garantice el cumplimiento del artículo 8 de la Constitución Española.
Cuando leímos y leyó medio mundo aquello de que “Cataluña no es España” en mitad del campo de futbol; a los irresponsables les dio la risa... y a los sensatos, las bilis gástricas se los devoraban por adentro. Los vascos, ya bastante cruz tienen con la ETA, dejémosles en paz. Y en cuanto a Galicia, de momento y gracias a que ganó las elecciones el señor Núñez Feijóo, esos pequeños grupos ladran, pero no muerden. Sin embargo juntos, unos y otros, son capaces de demostrar a través de la televisión y al mundo entero de que en España todavía siguen violando la Constitución... y no pasa nada. Queman la bandera española... y no pasa nada. Silban a los reyes de España... y no pasa nada. Silban y conjuran maleficios a nuestro himno nacional... y no pasa nada. Insultan a nuestros ejércitos... y no pasa nada. ¿Qué tendrán que hacer estos anti-españoles, estos radicales, estos aprendices de terroristas, para que todos (y cuando digo todos, quiero decir todos) acatemos y hagamos cumplir -artículo por artículo- la Constitución. Porque no sé si se han dado cuenta quienes tienen que velar por salvaguardar la Constitución, que de los diez primeros artículos, sólo se cumple el nº 5. Los nueve restantes se pasan diariamente por el “arco de triunfo”... y tampoco pasa nada.
Luis de Miranda.