lunes, 18 de mayo de 2009

Director 2009.05.18



Ayer se cumplía el aniversario de aquel 17 de mayo de 1.963 cuando los gallegos sin distinción de clases, ni de pensamientos políticos, ni de banderas represivas y separatistas, ni de “siglas” -como muy bien declaró ayer nuestro Presidente, don Alberto Núñez Feijóo- recorrimos orgullosos la calles de nuestras villas y pueblos, en un ambiente relajado, amable y participativo. Y curiosamente, 46 años más tarde, y por haber cedido, año a año, la representatividad a un determinado Partido Político, resulta que en la actualidad sólo se consideran gallegos aquellos que hablan, escriben e insultan y amenazan a quienes no lo hablamos ni escribimos.
Pues bien, por no saber defender lo nuestro (ya que nuestra también es la Lengua española) ahora sufrimos las consecuencias: nos insultan, nos defenestran, nos tratan como basura porque somos -según ellos- españolistas, fascistas y anti-gallegos. Y es que esas veinte mil personas que se reunieron en Santiago de Compostela son la totalidad del capital obtenido en casi 34 años de ausencia de la dictadura militar... para intentar llevarnos -con la disculpa del idioma- a una dictadura parlamentaria que nos brinda en bandeja de oro el sistema D'Ont de votaciones.
Porque para nadie es un secreto que donde está gobernando el BNG la intransigencia y la imposición son los dictados que tenemos que seguir... por las buenas o por las malas. O sea que, en el supuesto de que no aceptemos sus reglas, las multas administrativas y los posibles cierres de negocios o de Asociaciones sin ánimo de lucro penderán sobre nuestras cabezas como la “espada de Damocles”... anulando totalmente la libertad de usar indistintamente las dos Lenguas que, afortunadamente, tenemos en Galicia.
Y esa libertad que creímos haber reconquistado, después del noviembre de 1975, nos estaba siendo privada por los nacionalismos. Pero, aunque el pueblo tardó en darse cuenta de ello, supo reaccionar el pasado primero de marzo, tanto aquí, en nuestra amada Galicia, como en el País Vasco.
Ahora sólo queda esperar a que los intransigentes se hayan dado cuenta de que estaban caminando por el camino equivocado y que acaten, de una vez por todas, la tan ansiada democracia, para que nosotros dejemos de estar en el punto de mira de unos pocos fanáticos... y la convivencia recobre la paz de tiempos pasados.
Luis de Miranda.