miércoles, 20 de mayo de 2009

Director 2009.05.20


Todos sabemos (y el que no, se lo imagina) que en la Televisión hay que ser conciso y breve... por aquello de que cada segundo de imágenes cuesta... pero mucho menos de lo que se dice. Sin embargo hay algún que otro Canal que aunque apagase su señal nadie lo iba a echar en falta. De hecho, el más repulsivo de todos, el de menos audiencia, el que defiende al régimen del señor Rodríguez Zapatero, está ya en vías de ser absorbido por su gemelo.
Si cualquiera de nosotros nos damos un paseo por Europa (recordemos que empieza y termina en los Pirineos) y por los Países de las tres Américas, los servicios informativos (telediarios) tienen una duración de 55 minutos. Pero aquí, toda la información se condensa en 30 minutos, de los que -entre deportes y publicidad- se llevan 15 minutos... o más.
Si tirásemos de hemerotecas y ofreciésemos fragmentos de las promesas del señor Rodríguez Zapatero (las que, por cierto, siempre provocan grandes titulares)... hasta a los responsables de los medios de comunicación nos caería la cara de vergüenza, por repetirlas. Y es que este enfermo crónico (lo digo con los mayores respetos, y pido perdón por adelantado: la patología de nuestro Presidente del Gobierno de España exige de inmediato una orientación psicológica)... ya que no es entendible que de las promesas que nos ha hecho, por medio de sus mítines, nadie le pida explicaciones. De las bombillas... nada. De los ordenadores para los niños... nada. De las viviendas de los 40 metros cuadrados... nada. De los dos mil euros para la compra de un coche... nada. De la reforma laboral... nada. Del IRPF, del impuesto de sucesiones, de las Pymes, del equiparamiento de las pensiones al salario mínimo inter-profesional... nada. Etc., etc., etc.
Después del paréntesis de los servicios informativos, hemos oído en el día de ayer, por activa y por pasiva, a los familiares de los soldados muertos en el accidente del Yak-42. Y curiosamente, sus declaraciones llevaban cargas de profundidad en una sola dirección: el señor Trillo. Si ustedes prestan atención a la misma declaración, en boca de distintos familiares, de una forma muy velada nos estaban diciendo que el señor Trillo y los más altos responsables del Ejército contrataron ese avión, a sabiendas de que todos iban a morir. Esto por una lado. Por el otro, la condena dictada por el Juez la encontraron muy liviana, porque lo justo -me imagino- sería que el señor Trillo y el General tuviese el mismo final que los 62 honorables y valientes soldados. Pero, señoras y señores, el problema que tenemos en España es que a estas alturas del siglo XXI, los fusilamientos no están permitidos.
Como quiera que la política envolvió todo y a todos, oír las declaraciones de estos familiares daban ganas de vomitar. Entendiendo, como no y como padre, el dolor tan intenso que sufrimos quienes hemos perdido algún hijo. Pero de ese incurable dolor, por la pérdida de un ser amado, a lo que insinuaban ayer... va un gran abismo.
Por haber visto a lo largo y ancho de mi vida muchas escenas de accidentes y terremotos, desde los micrófonos de esta humilde Emisora de barrio -y previendo lo que estaba más claro que el agua- he dado la idea de levantar un monumento a la entrada del Cementerio de La Almudena, donde los 62 compañeros reposaran juntos. Pero como se dejaron llevar por las insinuaciones de que el señor Trillo era el asesino de sus hijos... y por ende, el señor Aznar López... y la Justicia no les dio la cabeza de ninguno de ellos, la sinrazón se hizo presente... y declararon lo injustificable y mostraron un afan de revancha... que los cuerdos no entenderemos jamás.
Luis de Miranda.