lunes, 15 de junio de 2009

Director 2009.06.15



Leyendo los artículos de opinión, del Diario del mismo nombre, siempre que la ocasión se me presenta, me voy sin demora al cuarto de página reservada a Carlos Carnicero... aunque entre él y yo (por ideología) hay más distancia que entre el segundo o tercer sistema solar y al que pertenecemos. Y tal distancia se debe a que preconiza aquello que no practica: lo mismo que parte de la Iglesia nos dijo a los creyentes: “haz lo que te digo y no, lo que yo hago”. Y es que la vida de burgués, más el alterne con personajes de niveles sociales y económicos, no es incompatible con las ideas de “socialismo o muerte”... según estos demagogos, claro.
Pero después de leer y releer su artículo “La izquierda y la autocrítica”, algo me dice que el color que predomina en esta legislatura es el de “la hormiga”; ya que de otro modo no se explica que el compañero de profesión termine su análisis así:”la ocupación de la oposición en un largo periodo y la pérdida de confianza de los ciudadanos en que otra sociedad sea posible, lo que convocaría indefectiblemente a la desafección política. La izquierda tiene muchas reformas pendientes: la primera, la democratización interna de sus órganos de gestión y la búsqueda de espacios de participación para sus militantes... para que no sean sólo máquinas electorales”. Otra reforma. “Una reformulación fiscal y una política inevitable de confrontación ideológica con la derecha para que las diferencias entre unos y otros sea el principal papel de crecimiento”.
Y para terminar, Carlos Carnicero, comienza uno de los sueños de sus sueños, escribiendo lo siguiente: “Escuchando a algunos líderes socialistas -tanto españoles como de otros países europeos- da la impresión de que no son conscientes de la precariedad de su situación y de la posibilidad de que hayan iniciado una pendiente de pérdida de sostén electoral que les convoque a la oposición en las próximas elecciones perdiendo el poder en los pocos sitios que lo ocupan”.
A mi modo de ver y entender el problema que a la izquierda se le presenta es que sigue anclada en los finales del siglo XIX y principios del XX.... a pesar de cambiar ciertas siglas e ideologías con definiciones que no dicen nada en absoluto: progresistas, progresismo... como si quienes nos dirigen, después de los griegos, no hubiesen conseguido que las sociedades fueran progresando siglo a siglo... como si ellos hubiesen descubierto que en este globo terráqueo existen dirigentes que no quieren el progreso para sus súbditos.
Pues ya lo ven, señoras y señores. Todavía hay pensadores que piensan en el progreso... de sus cuentas corrientes; pues no hay día en que en uno y otro bando del poder no nos descubran cómo se llevan nuestro sudor y nuestro esfuerzo, a manos llenas... y no pase nada.
Perdonen pero creo que voy a vomitar...
Luis de Miranda.